Después de un mínimo y temporáneo receso (de algunas horitas que superan a las 24), acercamos unas cintas para que corten con las tijeras, cuchillos o facones que tengan a mano. Estamos frente a la aparición de una nueva sección en este pequeño portalito que apenas está creciendo y alimentándose. Como si se tratase de una neo-sección al estilo de la choreadez que se mandó el amigo etilístico (no estilístico, véase la falta de “s”) Juan Roque (recuerdan eso del “Quién fue y qué hizo?”), sumado al “Cómo se pide” o “Se pide reproducción” (en los diarios del Tandil de allá lejos y hace bastante tiempo). Sin dar más vueltas, señoras y señores, esto es algo así como salir a la búsqueda del paradero de algunas gentes que se esconden en algunos recovecos entre la imaginación y lo lisa y llanamente real.
Inauguramos esta bella sección que nos comunicará y armará una cadena de “info e investiga“, queridos lectores, con un primer personaje, digno de estar nominado para ocupar su verdadero lugar en los diccionarios, próximamente (y sin ninguna duda de visita), como sinónimo de discriminación e intolerancia. Nuestro primer caso: el ignoto Fachini. Cómo encontrarlo? Última página del diario El Eco, mal ubicado en la sección Humor. De todas maneras, mientras no se digan malas palabras como, por ejemplo, “culo” y “teta”, se asegura el intento por llegar a ser etiquetados como diario serio. Como bien dice una amiga de la casa: “No entiendo por qué gastan tanto color en esa última sección, si es de las más negras que pueden presentar…”. Ni estando en crisis se entiende tal gasto, pero tal vez resida en ese intento por “colorear” cosas que se dan a denominar chistes.
“Humor” ni chiste se encuentran esa sección. Y no estamos hablando en estado levitatorio. A los hechos y pruebas nos remitimos (para no irnos por las ramas… teledirijan sus ojitos u ojazos hacia la imagen que acompaña este pequeño artículo). Es posible hacer algún gesto humorístico sobre temas tan delicados como la violencia de género o, asimismo, violencia tras la puerta de la intimidad del hogar? A nuestro humilde entender, el único producto que de allí se concibe a la hora de intentar un chiste (sólo intentarlo) es el cinismo, pariente de la perversión, dentro de la familia de las mentes oscuras. Pero esto no queda ahí. Para hacerlo aún más explícito, y en caso de que no se llegue a entender bien de lo “graciosa” que es la situación que este Facho o Fachini (que, a esta altura de la cosa, no sabemos si es un seudónimo o su apellido, pero en una y otra opción se hace por demás evidente una insuperable descripción de su esencia) nos “revela” ante nuestros ojos que no saben muy bien para donde escapar frente a esa bendita contratapa… como para ir al grano, este buen hombre o lo que se esconda bajo ese nombre… pone como título de que estamos hablando! Ojo! Va con previo aviso. Muy honesto y honrado de su parte. Desde El Mate, bajan un aplauso y una felicitación a este escribiente que piensa en su lecto-audiencia que no entiende en la primera lectura tamaña utilización de los recursos que dotan de riqueza el mensaje y análisis de tanta sutileza junta.
Sin embargo, y abandonando la ironía, que ahora corre libre (pero solo por un rato) en medio del Cerro, cuando el título es “Violencia Conyugal”, las mismas manos que producen aplausos, por contorsión natural y lógica, deberían de transformarse, en menos de lo que canta un gallo (bien sincronizado con el relojito de Crónica), en unos puños que ubiquen lo desubicado. “Sabes como le dicen a la Porota?” “Cómo?” “(Tal y tal, porque no recuerdo bien el nombre de la artista), porque el marido le deja los ojos violeta”. La banda serenatera de grillos se hace presente. O, en su defecto, el grupo de gente que, al llegar a la página del desconcierto, en medio de la vidriera del Eco, en Irigoyen, terminando de observar el producto del día, se despiden girando las cabeza de un lado a otro, acompañando tal movimiento con un sonido de nula aprobación y una frase dilapidante :”Siempre lo mismo, eh! Menos humor que… Fachini! Ahora entendemos la concepción de humor para este Multimedios. Patrañas!”, mientras siguen bufando y refunfuñando hasta llegar a la Plaza o a la panadería de Irigoyen y San Martín, como para aflojar el nudo que experimentaron en el estómago hace medio minuto. Como amo la definición de estos binoculares… hacen de cuenta que estoy leyendo al ladito nomás de esos parroquianos.
Como para ir cerrando esta nueva y, esperemos, dichosa (por las habladurías que despertará y para bien) y fructífera sección del portaloide que hace de puente entre nos y ustedes, el mangazo inevitable (no, no se asusten, no es plata): quienes sepan de quien estamos hablando o tengan y contengan esa info guardada en sus recovecos más profundos y oscuros, sáquenlos a la luz o, al menos, acuérdense de estas personas enclavadas en El Mate que quieren saber de quién recórcholis se trata (y hace un tiempo que lo quieren saber). Miren por arriba de esta nota y encontraran el mail oportunamente graffitteado para este tipo de consultas e intercambios. Será hasta bien entrada la próxima! Y gracias de antemano…
Inauguramos esta bella sección que nos comunicará y armará una cadena de “info e investiga“, queridos lectores, con un primer personaje, digno de estar nominado para ocupar su verdadero lugar en los diccionarios, próximamente (y sin ninguna duda de visita), como sinónimo de discriminación e intolerancia. Nuestro primer caso: el ignoto Fachini. Cómo encontrarlo? Última página del diario El Eco, mal ubicado en la sección Humor. De todas maneras, mientras no se digan malas palabras como, por ejemplo, “culo” y “teta”, se asegura el intento por llegar a ser etiquetados como diario serio. Como bien dice una amiga de la casa: “No entiendo por qué gastan tanto color en esa última sección, si es de las más negras que pueden presentar…”. Ni estando en crisis se entiende tal gasto, pero tal vez resida en ese intento por “colorear” cosas que se dan a denominar chistes.
“Humor” ni chiste se encuentran esa sección. Y no estamos hablando en estado levitatorio. A los hechos y pruebas nos remitimos (para no irnos por las ramas… teledirijan sus ojitos u ojazos hacia la imagen que acompaña este pequeño artículo). Es posible hacer algún gesto humorístico sobre temas tan delicados como la violencia de género o, asimismo, violencia tras la puerta de la intimidad del hogar? A nuestro humilde entender, el único producto que de allí se concibe a la hora de intentar un chiste (sólo intentarlo) es el cinismo, pariente de la perversión, dentro de la familia de las mentes oscuras. Pero esto no queda ahí. Para hacerlo aún más explícito, y en caso de que no se llegue a entender bien de lo “graciosa” que es la situación que este Facho o Fachini (que, a esta altura de la cosa, no sabemos si es un seudónimo o su apellido, pero en una y otra opción se hace por demás evidente una insuperable descripción de su esencia) nos “revela” ante nuestros ojos que no saben muy bien para donde escapar frente a esa bendita contratapa… como para ir al grano, este buen hombre o lo que se esconda bajo ese nombre… pone como título de que estamos hablando! Ojo! Va con previo aviso. Muy honesto y honrado de su parte. Desde El Mate, bajan un aplauso y una felicitación a este escribiente que piensa en su lecto-audiencia que no entiende en la primera lectura tamaña utilización de los recursos que dotan de riqueza el mensaje y análisis de tanta sutileza junta.
Sin embargo, y abandonando la ironía, que ahora corre libre (pero solo por un rato) en medio del Cerro, cuando el título es “Violencia Conyugal”, las mismas manos que producen aplausos, por contorsión natural y lógica, deberían de transformarse, en menos de lo que canta un gallo (bien sincronizado con el relojito de Crónica), en unos puños que ubiquen lo desubicado. “Sabes como le dicen a la Porota?” “Cómo?” “(Tal y tal, porque no recuerdo bien el nombre de la artista), porque el marido le deja los ojos violeta”. La banda serenatera de grillos se hace presente. O, en su defecto, el grupo de gente que, al llegar a la página del desconcierto, en medio de la vidriera del Eco, en Irigoyen, terminando de observar el producto del día, se despiden girando las cabeza de un lado a otro, acompañando tal movimiento con un sonido de nula aprobación y una frase dilapidante :”Siempre lo mismo, eh! Menos humor que… Fachini! Ahora entendemos la concepción de humor para este Multimedios. Patrañas!”, mientras siguen bufando y refunfuñando hasta llegar a la Plaza o a la panadería de Irigoyen y San Martín, como para aflojar el nudo que experimentaron en el estómago hace medio minuto. Como amo la definición de estos binoculares… hacen de cuenta que estoy leyendo al ladito nomás de esos parroquianos.
Como para ir cerrando esta nueva y, esperemos, dichosa (por las habladurías que despertará y para bien) y fructífera sección del portaloide que hace de puente entre nos y ustedes, el mangazo inevitable (no, no se asusten, no es plata): quienes sepan de quien estamos hablando o tengan y contengan esa info guardada en sus recovecos más profundos y oscuros, sáquenlos a la luz o, al menos, acuérdense de estas personas enclavadas en El Mate que quieren saber de quién recórcholis se trata (y hace un tiempo que lo quieren saber). Miren por arriba de esta nota y encontraran el mail oportunamente graffitteado para este tipo de consultas e intercambios. Será hasta bien entrada la próxima! Y gracias de antemano…
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