Después de algunas idas y venidas e idas y vueltas, luego de abrir la tranquera y subir la sierra (a patita y no con las 4x4 que nos pasaron al lado), el equipo llegó por fin a la cima del Cerro El Mate. En esta primera entrega, les regalamos la preciosa vista que tendremos de nuestra querida aldea, desde las alturas (esperamos tener un mínimo gramo de gloria, pero no somos Dios y agradecemos) de este bello cerro que nos cobijará en la gesta que estamos emprendiendo.Por fin llegamos. Ya clavamos bandera, aunque con el vientito que hay, creemos que se volará en cuestión de segundos, pero bueno, es casi como llegar a la Luna sin tener que estar levitando. Ya clavamos el largavistas y lo estamos calibrando…ya vemos clarísima la pirámide de la plaza, aunque no sabemos si es de día o de noche allí (de hecho, después de la instalación de toda la luminaria, no sabemos si volvió la noche por aquellos céntricos lares).
En un principio, nos íbamos a instalar bajo la estuatua (si, si, leyeron bien…) del fundador de nuestra city, este don Martín Rodríguez, mejor conocido como San Martín para turristas, pero lo más alarmante (o no) es que lo es también incluso para algunos de nuestros parroquianos. Pero tratándose del radio de acción y visión del amigo de la casa, Mario Abait, y aprovechando el pánico y psicosis de la gripe del puerquito glotoniano, decidimos de común acuerdo, con Rayita Verde, recluirnos en medio del milenario ambiente serrano, lejos del quilombaje pero no por ello ajenos a él. Como bien dice un gran amigo, es bueno alejarse del cuadro, de vez en cuando, para observarlo mejor. Y eso es lo que estamos haciendo. Esperamos darles unas panorámicas de la sociedad tandiliense desde nuestro lugar y a nuestra manera, con un poco de humor, acidez (no gástrica, pero aún así, cuídense con el morfi), ironía y tantos otros condimentos como puedan añadírsele a semejante caldo de cultivo que hace a nuestra esencia aldeana.
Desplegando todo lo que encontramos (previa metida organizada e intencionada) en la mochila, estamos armando la carpa (o sea, la trinchera de combate, por si las moscas…), alimentando el fueguito (controladísimo, como buenas conocedoras del espacio) y sacando papel y lápiz para empezar con los laburos más sucios, pero al mismo tiempo más divertidos y si se quiere, más neurotizantes, pero bue... es lo que uno elige (o no): analizar e informar.
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