Hace menos de un día, en nuestro colega noticiario más conocido como El Eco (en su versión digital), apareció una nota acerca de las opiniones referidas por Fidel Castro en relación al golpe de Estado que se está dando en Honduras. Nota de autor: Hecho aberrante, si los hay, en pleno siglo XXI. Pero continuando con lo que nos compete, para poder hacerse de la nota, teledirigirse a esta página:
Clickeando ahí mismo, llegan como en dirección directa al lugar del hecho. Como para resumir lo allí expuesto, y como bien sintetiza el título (que para algo tiene que servir), para Fidel, si Zelaya (el presidente depuesto y mandado a exiliarse por las Fuerzas Garcantes… eh, digo, Armadas de aquel lejano país al que nuestra adorable Mirtha prefirió poner en su categoría mental de los “No me interesa”) no es reinstaurado en su cargo “una ola de golpes de Estado” azotaría a Latinoamérica. Nota de autor: teniendo en cuenta nuestra historia, ligada al continente al que pertenecemos (mal que les pese a unos cuantos, es bueno y hasta sano confirmarles su filiación a Sudamérica o América Latina, no Europa o el Viejo Mundo), en lo cíclico, ciclotímico y falto de memoria de todas las duraciones habidas y por haber, lo que está escribiendo Fidel desde una reflexión no es ni descabellado. Ni exagerado ni el adjetivo que se le intente (im)poner. Y hay algo que es muy cierto (y no falten a su propia conciencia y sinceridad para consigo mismos): más de uno, al conocerse la noticia, vio pasar el pájaro negro del mal augurio por sobre sus jopos (o la toca o lo que se hallan hecho para el día de las elecciones), recordando días para nada felices y bastantes oscuros de nuestra historia reciente, alimentada por muchas experiencias previas. O lo quieren desmentir? A sincerarse se ha dicho, pues. De vez en cuando, dicen, hace bien y limpia y purifica almas poco transparentes (luego de ello, digan todos en coro de ángeles… Amén).
Prosigamos en la marcha. En la nota del Eco, se puede ver, analizar y opinar sobre los siguientes dichos de Fidel. En sus nuevas “Reflexiones”, publicadas prácticamente en todos los medios de Cuba, Castro advierte que "si el presidente Manuel Zelaya no es reintegrado a su cargo, una ola de golpes de Estado amenaza con barrer a muchos gobiernos de América Latina, o quedarán éstos a merced de los militares de extrema derecha, educados en la doctrina de seguridad de la Escuela de las Américas, experta en torturas, la guerra psicológica y el terror", tema que para los argentinos no nos debería de parecer nuevo… si realmente se tiene memoria (aunque ya deberíamos estar curados y unidos por el mismísimo espanto que se heredó y en algunos casos se sigue practicando desde hace ya más de 30 años), Sigue Fidel: "los militares golpistas ni siquiera le prestarían atención a la administración civil de Estados Unidos", lo que "puede ser muy negativo para un presidente que, como Barack Obama, desea mejorar la imagen de ese país". Sobre los intentos de Zelaya de volver a Honduras, Fidel emerge con el siguiente cuestionamiento: si los golpistas "deseaban juzgarlo por supuestos delitos constitucionales, ¿por qué no le permitieron aterrizar?". Esto último marca la gravedad del hecho: "se sabe que estaba en juego no sólo la Constitución de Honduras, sino también el derecho de los pueblos de América Latina a elegir a sus gobernantes". Y con este tono, siguen las críticas y pensamientos del líder cubano (que, con 82 años, sigue tan lúcido como en la década de los ’60, mal que les siga pesando a muchos que quieren creer que este pobre viejo de 82 años está desvariando).
Hasta acá, la nota del Eco. Pero interesa, y mucho, que ustedes, amigos lectores, le echen un vistazo a los comentarios que hacen aquellos tandileros (sí, sí, como los salamines…en donde a veces no se encuentran diferencias, claro está) que en sus momentos libres y semi-aburridos (más si se encuentran recluidos en sus cuevas con esto de la pandemia) se dedican a descargar ese elixir que algunos llaman resentimiento, también denominado agazapamiento del bicho (verde oliva o con traje camuflado) que más de uno lleva en sus adentros y no tan adentros. Para muestra, no basta un botón (porque ya hay superpoblación de ellos), sino el ambiente que generan esos comentarios (obviamente, no todos, pero la gran mayoría de ellos) que tanto estoy promocionando a que los vean por y con sus propios ojos, cuadrados ya de tanta compu. Hacen recordar a todas esas líneas que surgieron del devenir de la libertad de expresión, de la que se sujetaban (y sujetan) unos cuantos que ni siquiera hacen creer que creen en ella, con aquello de la pena de muerte, “el que mata tiene que morir” y tantos otros partidarios afiliados al selecto grupo de “Salgamos a linchar al primero que tenga cara de sospechoso” (y ojo, lo estoy diciendo porque tuve la suerte – o no – de leer con estos cuatro ojos semejante frase apostada, precisamente, como comentario en una nota del Eco de aquellos no muy lejanos tiempos). Es cuestión de que salte una nota por y con el estilo, para que el agazapamiento se metamorfosee, en menos de lo que canta un gallo, pollo u otro ave de corral, en líneas de “tolerancia = -20”. De eso dan cuenta los muchos comentarios de esta nota, en donde no faltan la intolerancia, la falta de estudio de la historia… porque, según me han hecho enterar éstos, cuando el Che fue a Bolivia, el objetivo de fondo no era armar un ejército o guerrilla revolucionarios… No!! El Che fue con planes netamente… latifundistas, señores!! “El Che se quería apoderar de Bolivia”. Quién les hizo comer semejante verso del revolucionario casi ideal?? “No hay que dejarse llenar la cabeza con una historia parcial.... tanto el Che como Fidel son unos tremendos asesinos”. Ya debemos estar por la vez número 14 en que utilizaré la misma frase armada: “A veces, la realidad supera a la ficción”; frases y barrabasadas como éstas tienen para juntar a paladas, completas y rebalsadas, se los aseguro.
Estas mismas personas, luego, en la intimidad (o no) de sus almuerzos, hablan de lo lindo que es vivir en democracia; al rato, hablan de la candidatura fallida de Patti, para terminar con una frase muy nuestra (lamentablemente): “Acá tendrían que volver los militares, che”. Qué bueno sería que todos estos especimenes hicieran un ejercicio de la memoria de largo y mediano plazo, como para empezar con algo, no? Como cantaría Silvito, Ojalá… no repercutieran los ecos de los Grondona, Neustad (que más allá del más allá, ha dejado una escuela y pichones de cuervos), los dichos mismos de Mirtha, Su y Moria, y tantos otros que siguen con la que creen una misión totalmente humanitaria y de beneficencia: seguir con la apología de los golpes y de lo que ellos creen que se define como orden y seguridad. Se trata de ponemos todas las pilas necesarias para salvaguardar una democracia que supimos conseguir (con laureles… es puesto en duda), y que la hacemos todos, luchándola en el día a día y no tirados en un sillón, calentitos y con la compu prendida, al acecho de una nueva nota que permita sacar la gorrita y el bigotito escondido en un rincón del ropero, con muerto incluido ahí dentro. Ojalá, nuevamente, esta historia cambie, de una buena vez y sin retrocesos. Retrocesos a un tiempo del que las heridas aún no terminan de cerrar y el aprendizaje, vemos, aún no llega.
Prosigamos en la marcha. En la nota del Eco, se puede ver, analizar y opinar sobre los siguientes dichos de Fidel. En sus nuevas “Reflexiones”, publicadas prácticamente en todos los medios de Cuba, Castro advierte que "si el presidente Manuel Zelaya no es reintegrado a su cargo, una ola de golpes de Estado amenaza con barrer a muchos gobiernos de América Latina, o quedarán éstos a merced de los militares de extrema derecha, educados en la doctrina de seguridad de la Escuela de las Américas, experta en torturas, la guerra psicológica y el terror", tema que para los argentinos no nos debería de parecer nuevo… si realmente se tiene memoria (aunque ya deberíamos estar curados y unidos por el mismísimo espanto que se heredó y en algunos casos se sigue practicando desde hace ya más de 30 años), Sigue Fidel: "los militares golpistas ni siquiera le prestarían atención a la administración civil de Estados Unidos", lo que "puede ser muy negativo para un presidente que, como Barack Obama, desea mejorar la imagen de ese país". Sobre los intentos de Zelaya de volver a Honduras, Fidel emerge con el siguiente cuestionamiento: si los golpistas "deseaban juzgarlo por supuestos delitos constitucionales, ¿por qué no le permitieron aterrizar?". Esto último marca la gravedad del hecho: "se sabe que estaba en juego no sólo la Constitución de Honduras, sino también el derecho de los pueblos de América Latina a elegir a sus gobernantes". Y con este tono, siguen las críticas y pensamientos del líder cubano (que, con 82 años, sigue tan lúcido como en la década de los ’60, mal que les siga pesando a muchos que quieren creer que este pobre viejo de 82 años está desvariando).
Hasta acá, la nota del Eco. Pero interesa, y mucho, que ustedes, amigos lectores, le echen un vistazo a los comentarios que hacen aquellos tandileros (sí, sí, como los salamines…en donde a veces no se encuentran diferencias, claro está) que en sus momentos libres y semi-aburridos (más si se encuentran recluidos en sus cuevas con esto de la pandemia) se dedican a descargar ese elixir que algunos llaman resentimiento, también denominado agazapamiento del bicho (verde oliva o con traje camuflado) que más de uno lleva en sus adentros y no tan adentros. Para muestra, no basta un botón (porque ya hay superpoblación de ellos), sino el ambiente que generan esos comentarios (obviamente, no todos, pero la gran mayoría de ellos) que tanto estoy promocionando a que los vean por y con sus propios ojos, cuadrados ya de tanta compu. Hacen recordar a todas esas líneas que surgieron del devenir de la libertad de expresión, de la que se sujetaban (y sujetan) unos cuantos que ni siquiera hacen creer que creen en ella, con aquello de la pena de muerte, “el que mata tiene que morir” y tantos otros partidarios afiliados al selecto grupo de “Salgamos a linchar al primero que tenga cara de sospechoso” (y ojo, lo estoy diciendo porque tuve la suerte – o no – de leer con estos cuatro ojos semejante frase apostada, precisamente, como comentario en una nota del Eco de aquellos no muy lejanos tiempos). Es cuestión de que salte una nota por y con el estilo, para que el agazapamiento se metamorfosee, en menos de lo que canta un gallo, pollo u otro ave de corral, en líneas de “tolerancia = -20”. De eso dan cuenta los muchos comentarios de esta nota, en donde no faltan la intolerancia, la falta de estudio de la historia… porque, según me han hecho enterar éstos, cuando el Che fue a Bolivia, el objetivo de fondo no era armar un ejército o guerrilla revolucionarios… No!! El Che fue con planes netamente… latifundistas, señores!! “El Che se quería apoderar de Bolivia”. Quién les hizo comer semejante verso del revolucionario casi ideal?? “No hay que dejarse llenar la cabeza con una historia parcial.... tanto el Che como Fidel son unos tremendos asesinos”. Ya debemos estar por la vez número 14 en que utilizaré la misma frase armada: “A veces, la realidad supera a la ficción”; frases y barrabasadas como éstas tienen para juntar a paladas, completas y rebalsadas, se los aseguro.
Estas mismas personas, luego, en la intimidad (o no) de sus almuerzos, hablan de lo lindo que es vivir en democracia; al rato, hablan de la candidatura fallida de Patti, para terminar con una frase muy nuestra (lamentablemente): “Acá tendrían que volver los militares, che”. Qué bueno sería que todos estos especimenes hicieran un ejercicio de la memoria de largo y mediano plazo, como para empezar con algo, no? Como cantaría Silvito, Ojalá… no repercutieran los ecos de los Grondona, Neustad (que más allá del más allá, ha dejado una escuela y pichones de cuervos), los dichos mismos de Mirtha, Su y Moria, y tantos otros que siguen con la que creen una misión totalmente humanitaria y de beneficencia: seguir con la apología de los golpes y de lo que ellos creen que se define como orden y seguridad. Se trata de ponemos todas las pilas necesarias para salvaguardar una democracia que supimos conseguir (con laureles… es puesto en duda), y que la hacemos todos, luchándola en el día a día y no tirados en un sillón, calentitos y con la compu prendida, al acecho de una nueva nota que permita sacar la gorrita y el bigotito escondido en un rincón del ropero, con muerto incluido ahí dentro. Ojalá, nuevamente, esta historia cambie, de una buena vez y sin retrocesos. Retrocesos a un tiempo del que las heridas aún no terminan de cerrar y el aprendizaje, vemos, aún no llega.
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