En los últimos días, leemos en el Eco (versión impresa, versión digital y algún otro etcétera) algunas notas que sirven de foco de atención (no se si como último recurso, pero ronda ese etiquetaje) queriendo “iluminar” las bondades de una actividad canteril, que a Tandil quita más de lo que deja. Donde el valor va más allá de lo netamente monetario.El primer título (del lunes 13 de Julio del corriente, como nota principal, tal como se presenta en la mismísima portada): “La explotación de la piedra aportó 200 mil pesos en mayo y junio”. El segundo (del martes 14 de julio, pero ya en la página 6): “Insisten en que debe preservarse el empleo en la minería, que no suspendió ni despidió”, con preciosa foto del amigo (de vaya a saber quién) Marcelo (tranquilamente se le puede agregar una T., y no precisamente por Torcuato) Marcovich, acompañando el texto. Casualidad, causalidad o un intento de manotazo de ahogado nomás? Todas las opciones son posibles. Lo que es seguro es que parte de esos supuestos 200 mil manguitos (que, en términos de las arcas del municipio, pueden traducirse en una ganga o vueltito, teniendo en cuenta que se trata de 2 meses juntos) fueron invertidos en el parto de la nota pero, principalmente, en la ubicación de la misma en la organización del diario. Y no es muy complicado de deducirlo. Para muestra, véase el archivo de un tiempo no muy lejano. Más de un sector que está queriendo generar una buena imagen o ilusión de su accionar (y el ejemplo más concreto y reciente es el del campo, sin mucho lugar para las dudas) se resuelve hacia esa estrategia poco novedosa (se hizo desde el nacimiento mismo de la prensa, por lo que no estamos ante el descubrimiento de América ni de Plutón, mal que les pese). Estrategia que sirve a la fiel evidencia de querer bajar líneas en una ciudad en la que ya no encuentran el apoyo.
Se habla (y remarca) de lo que “aportan” estas empresas, pero no de las evasiones e incumplimientos (reiterados, y vaya si los hay), y, obviamente, del tema de fondo: el patrimonio serrano que se va, que no vuelve nunca más (no como las fuentes de trabajo… en algunos diccionarios existe la palabra reconversión), viaja en camiones cuyo combustible es la impunidad y su paso se signa por la destrucción de rutas, caminos, calles, etc. Manera original de marcar su propio destino, frente a autoridades vendadas (y vendidas, claro), que prefieren el dejar hacer y el preocuparse, por sobre el ocuparse. Como bien dice el refranero popular: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.
Vemos cómo se ha puesto de moda el vocablo “diálogo”. Muchos usan la expresión “tenemos experiencia en mesas de diálogo”, sin adentrarse a definir qué se refieren específicamente, ya que saltarían indefectiblemente los buenos recuerdos de ricos asados. Si para algunos, el diálogo se remite a amenazas en pleno aire de programas informativos (pero ojo! Siempre en un marco de charla eh!) o el traslado de personal patotero a reuniones de “diálogo”, triste y patético el pasado, presente y futuro de esos encuentros no? En palabras del propio (Acuerdo Marco)vich: “Siempre que se nos deje poner nuestro punto de vista para alcanzar una solución”… y sin que se nos objete un cuerno, caracho! “Para nada nosotros queremos perjudicar a los vecinos”. Del dicho al hecho… continúen el dicho, amigos lectores. Las rajaduras en las casas, las roturas de las rutas y más etcs. dudamos que provengan de energías o fuerzas extrañas a una lógica que los deja sin pilchas.
El no tan secreto que esconde el hecho de que la minería no haya suspendido ni despedido operarios reside en que, en el caso de despedir a dos de ellos, al diablo con la planta de acción y operación de la cantera. Las canteras hace un buen flor de rato que no tienen en sus interiores a los miles de principio de siglo XX y eso comenzó ya en la década del ’30 (remítanse a los periódicos de la época o un buen libro sobre el tema para que digan que se habla en el aire). Tampoco tienen a un milenario picapedrero realizador de adoquines, porque eso es casi como encontrar un fósil de diplodocus por estos pagos. Se podría decir (y lo diré sin tapujos) que tanto empresarios (mejor conocidos bajo el nombre de genocidas lícteos) canteristas, como sus amigos los dirigentes gremiales, aún piensan que la gente come vidrio (piedra no, porque con el 5% que anclan en nuestra comarca, poco y nada pueden alimentarse de ellos los parroquianos) y se ilusionan con que dos notas en su favor pueden hacer el milagro de cambiar la imagen de una actividad que es mas lo que resta que lo que suma para el presente y futuro de la precisamente serrana gentil.
Pretenden convencer y engañar con el uso desmesurado de cifras y números, que poco se condicen con una realidad que les hace aguas por donde se los mire. Basta con salir un rato al centro o pararse un rato en el parque u otro punto de la ciudad (a veces, no necesariamente alto) para mirar hacia lo poco que nos queda de sierra. Las cavas, como tremendas caries (y no exactamente surgidas o producidas por algo “dulce”), siguen hablando por sí solas. Diría nuestro genio musical Charly, pero transformándolo en una interrogación: “Toda esa gente parada… no se entera ni que el mundo da vueltas?” Lo bueno y esperanzador es que, definitivamente, vidrio no comemos...“Y a Dios gracias”, diría el Marce de AOMA.
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