martes, 18 de agosto de 2009

Volviendo a la rítmica rutilante de la rutina

Si…vacaciones…pongámosle más bien el rótulo del “pequeño descansito” hecho y derecho a base de fuerza mayor. Querer dar un giro de unos cuantos grados (llegando a los 180 grados, por ahí cerquita) en el modo de vida, tiene su costo, pero es solo al principio de la cosa, en lo que comúnmente se sitúa en el período de transición. Pero yendo al grano (y levantándose, para ir de la cama al living, y viceversa), el pequeño blogcito que se arma, desarma y vuelve a armar desde la cima del Mate, ahora habrá de venir más reforzado y dinámico que nunca jamás. Por cierto, hemos cumplido el primer mes de vida, pero con el fresquete que se nos vino de visita, nadie nos ha traído un pedacito de torta o cheesecake. Queremos creer que ahí reside la causa de esta extraña ausencia.

En fin, en medio de esta corta estadía en el limbo (físico, mental y de demases características), vemos que la aldea mucho no ha cambiado, pero siempre fiel a su constante movimiento hacia ese tiempo pasado mejor (que nunca se encuentra ni encontrará, dicho esto al pasar) y a ese embole congénito del que muy bien nos amplió el amigo Freud (Pereyra). El pueblo, desde lo que se puede observar en las alturas y la lejanía (que nunca vienen demás), y con una bonita netbook a mano (agradeciendo el güifi que algún buen parroquiano se instaló en el medio de los cerros), el panorama virtual de esta city serrana es un… bostezo? No se si es la expresión correcta, pero de lo que estoy segura es de que el bostezo fue la reacción o somatización (física-fisiológica) automática que me provocó el estado de este ambiente. Entendemos que para el carnaval está faltando un tiempito (siempre y cuando no lo suspendan, claro), pero la realidad es cruda, pero realidad al fin: no hay pomo en la interness mediática.

Para buscar un sitio que mezcle un poco de humor, algo de información, condimentado con morbo, cinismo, hipocresía y tantos ingredientes dignos del estado pueblerino de la sociedad nuestra de cada día, recomendamos meterse en cualquier noticia del Eco Digital que tenga algo así como 10 comentarios. Obviamente, si tiene mayor número, más patente se hace el camino que nos lleva hacia el centro del laberinto oscuro que, nos guste o no, hasta enorgullecernos o martirizarnos, todos y cada uno lleva en su interior: su tan temido y recóndito tandilito medio.

Volviendo a la cosa nostra, el tema es que volvimos para quedarnos, posesionarnos de la cima del cerro e instalarnos para que ni con la policía nos puedan arrancar de raíz… como buen yuyito serrano, siempre resistiendo, aún cuando le tiran encima la temible bordeadora.

Panorámicas desde el Cerro El Mate habrán de tener todos los días. No nos echen las culpas si algo no sale como parece o como había de quedar: trataremos de limpiar bien el lente del largavistas, oficiante de puente a la realidad (así como la no tanto) que ustedes palpan con el nombre de la rutina y la costumbre. Esperamos la torta… con algunas “Don Satur” también. Lo que es sentirse un famélico de aquellos, con lo poco que uno se conforma. Lo bueno es desayunarse todos los santos amaneceres con una nota nueva, que no es lo mismo que una buena nueva. Ustedes lo entienden más que bien.

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