No se trata de un momento en particular. No. Y que esto quede bien en claro: es parte de lo cíclico de nuestra historia. Vaya uno a saber si se inmiscuye en el plano de lo energético, lo cósmico y/o lo tragicómico y dramático, lo cierto es que el Dique, hoy por hoy, es el fiel reflejo (más allá del espejo –fétido y sinónimo de suicidio- de agua) de la realidad de este pueblo.La diversidad y el dinamismo están en plena faceta de extinción en nuestra teoría, y en la práctica hace rato que no se los encuentra. Todavía hay gente que, en lo que respecta a la cultura joven, sigue soñando con la real y efectiva vuelta del “Macoco de los viernes”; con la oleada de bandas de todo tipo, color y ritmo que desembarcaron en el puerto del ya fiambre “Q Bar”. Expresiones de deseo que pasan de la nostalgia, llegando rápidamente a la desesperación y ganas de materializar esa mezcla consuetudinaria en un acto catárquico o, al menos, en la posibilidad del Santo Pogo de las Masas, den resultados benéficos para el pobre que sufre este estancamiento en carne propia.
La tandilidad no solo involuciona. En tiempos como éste, ni siquiera se toma el trabajo de moverse o dirigirse al pasado. Es la nada misma hecha pueblo. En lo cultural, es de público conocimiento el sacrificio (en donde “aborto” suena fuerte, pero es ese el término correcto) de nuestra pretendida “tradicional” (que, de seguir asi, no llegó ni a la categoría de costumbre) Feria del Libro del corriente (no se si alterna) año, y del más recientemente parido “Festival Tandil Cine”. El show de hace una semana de Fidel Nadal en Museo (faltaba más que hubiera sido en el Del Fuerte), ídolo (de algunos) del reggaee, apenas endulzó (edulcoradamente) los oidos de los “pacientes” parroquianos que allí se congregaron. En lo laboral, la crisis aporta lo suyo, y no se encuentra absolutamente nada de nada por emprender. En lo social, como bien dijo “La Renga”, somos los mismos de siempre.
“Es necesario alegrar este pueblo”. Expresión que no pierde su actualidad, aún cuando se repetía con frecuencia no moderada hacia fines del 1882, donde eran otros tiempos y era otra la historia. “Esto nos muestra que el diagnóstico es más grave de lo que pensábamos. Estamos ante un caso paradigmático de ‘Embolis mayuscúlicus congénitus in esencis’”, fue la revelación dada por el Lic. en psicología, psiquiatría y traumatología Freud Pereyra, en las sombras de sus aposentos, por calle Rio Bamba. Por aquel entonces, el remedio sanó el mal, a fuerza de dosis de bailes, tertulias, encuentros literarios, movilizado todo por la juventud.
De la apatía a la inamovilidad y la inacción no hace falta siquiera un paso; de darlo, se entra en profunda contradicción (etimológica, teórica, práctica y filosófica). Será cuestión de despegar el traste de la estufa, de la silla, del sillón, de la cama o de la bici fija, y empezar a lucharla, para no hacer de este Tandil un lugar “soñado”, por estar todos dormidos. ¡¡Hasta una guerra de almohadas se acepta como oferta!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario